Se ha detectado un brote de escabiosis (sarna) en el centro abierto para personas sin hogar La Rosa. Desde el primer caso, las personas afectadas se han triplicado, y ni la plantilla ni el resto de usuarios del centro han recibido todavía el tratamiento profiláctico preceptivo.

Se trata de una enfermedad altamente contagiosa, con un largo período de incubación, por lo que la rapidez de la adopción de medidas preventivas resulta fundamental para frenar su trasmisión.

Según los expertos, para erradicar eficazmente un brote de sarna debe aplicarse el tratamiento simultáneamente a todas las personas que han estado en contacto con las personas infectadas, así como garantizar su aislamiento hasta 24 horas después del tratamiento. Esto no está ocurriendo.

La empresa ASISPA, que gestiona este centro de acogida, sólo ha asegurado que facilitará el tratamiento a las personas trabajadoras que así lo soliciten, supeditando su administración a petición individualizada. Asimismo, se desconoce cómo y con qué criterios se intervendrá con el resto de personas que se encuentran en el albergue, los usuarios y el personal subcontratado de limpieza y seguridad.

CCOO denuncia la mala gestión ante un caso como este, y la negligencia en la adopción de medidas preventivas eficaces. Si bien de momento no se ha detectado ningún profesional contagiado, sí se han producido contagios entre usuarios, y su salud también preocupa al sindicato.

Resulta sorprendente la falta de respuesta y coordinación en la red municipal de atención a personas sin hogar dependiente del Área de Equidad del Ayuntamiento de Madrid. Se han producido nuevos ingresos en el centro tras ser declarado el brote, y una persona con riesgo de infestación ha sido trasladada desde La Rosa a otro centro de personas sin hogar, Geranios, sin que en éste se esté tomando ninguna medida preventiva y ni siquiera se ha informado a la plantilla.

Por otra parte, este centro vive un continuo conflicto laboral desde hace más de un año, derivado por el autoritarismo de ASISPA, su negativa a respetar la normativa laboral y de salud laboral, ignorando el convenio colectivo de aplicación, el de Intervención Social, y haciendo de la prevención de riesgos laborales es un mero paripé. A su vez, la plantilla también está en lucha para mejorar la deficitaria atención que reciben las personas residentes del centro (ni siquiera hay camas, por lo que muchos duermen en el suelo sobre una manta), y las instalaciones suponen un peligro en sí mismas por el lamentable estado de conservación. En definitiva, una situación paupérrima que facilita la propagación de enfermedades contagiosas, como la sarna.


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