Este mes de enero se cumple un aniversario muy especial para el movimiento obrero de este país. En 1957, en la mina La Camocha (Gijón) se daría la primera comisión obrera de trabajadores que, tras una lucha de nueve días, consigue una importante victoria a la patronal. Con esta comisión se da el “mito fundacional” de las Comisiones Obreras, que se irán extendiendo por todo el país a medida que el movimiento obrero se va movilizando cada vez más contra el franquismo. Y que en 1976 se constituyen como Confederación sindical.

El movimiento obrero resurge de sus cenizas.

Tras la derrota en la Guerra Civil y la represión de posguerra, el movimiento obrero español esta varios años sin levantar cabeza. La burguesía consigue imponer condiciones de brutal explotación a los trabajadores, ilegaliza sus sindicatos y partidos y acaba con toda la cultura obrera. Y por supuesto, tortura, mete en la cárcel, fusila a todos aquellos que habían luchado contra los franquistas. Los primeros años del franquismo son años de ostracismo para la clase trabajadora.

Sin embargo, unos ocho años después de finalizar la guerra, el movimiento obrero comienza a realizar sus primeras movilizaciones y huelgas. En 1947, el 1º de Mayo, en Vizcaya y Guipúzcoa, más de 20.000 trabajadores de 400 empresas, con el apoyo de UGT y CNT, una huelga que dura una semana, y en la que incluso tiene que intervenir el ejército para reprimir a los trabajadores.

A partir de ese momento, las protestas y las huelgas se extienden por diferentes lugares: boicot a los tranvías de Barcelona en 1951 por la subida de las tarifas, huelga de viticultores en Jerez, más huelgas en el País Vasco.

Por lo tanto, aunque las luchas de masas contra la dictadura no llegarán hasta principios de los sesenta y setenta, se comienzan a dar los primeros chispazos de luchas obreras contra el régimen. Por ello, organizaciones como el PCE, en 1948, deciden abandonar la lucha guerrillera (que se demostró fracasada para sus objetivos) y hacer trabajo en el frente de masas, en la lucha en las fábricas. Años después, utilizarían la táctica del “entrismo” en el Sindicato Vertical franquista, para, mediante las comisiones de trabajadores, impulsar las luchas laborales y políticas, metiéndose en las estructuras del propio franquismo.

La Camocha abre el camino de las Comisiones.

Ya a principios de los cincuenta se habían creados comisiones de trabajadores en el País Vasco o Andalucía. Sin embargo, eran comisiones espontáneas que se creaban cuando había un conflicto y cuando este terminaba, la comisión se disolvía.

Sin embargo, la Comisión de La Camocha coge relevancia como mito fundacional por diversos motivos, que la hacen un modelo a imitar en la lucha contra el franquismo.

En Asturias, tras el fin de la lucha guerrillera, había disminuido la conflictividad social, sobre todo, debido a la represión contra los maquis y quienes les apoyaban. Tras años y años de ser la vanguardia del movimiento obrero (huelgas mineras, la Revolución del 34, etc.) la región parecía quedarse al margen del renacimiento de la lucha, que se estaba desarrollando sobre todo en Cataluña y País Vasco.
Pero a finales de los cincuenta y principios de los setenta, Asturias vuelve a ser el baluarte de la lucha obrera en el Estado Español. Y La Camocha, la mina gijonesa, se convierte en uno de los puntales de esta movilización.

En esta mina ya se dieron movilizaciones contra la patronal antes de 1957. En 1947 hay un “bajo rendimiento” (que era la forma que tenían de protestar los obreros ante la ilegalización de las huelgas, bajando la productividad de su trabajo) de los mineros y una huelga parcial en 1951 son los antecedentes de lo que sucederá después. Además, se estaban organizando núcleos de comunistas y socialistas dentro de los tajos, aplicando la nueva estrategia del PCE y del PSOE de participar dentro del movimiento obrero y dejar la lucha armada.

La comisión se forma a causa de una huelga. Las causas del paro en La Camocha son varias: puntos compatibles para el personal silicótico, es decir, ubicación de los enfermos en las galerías de pie, compensación de labores extras, participación en los beneficios del economato, incremento de los jornales, etc. Dicha comisión negociadora está formada, entre otros, por un comunista, Casimiro Bayón y un socialista. Esta comisión representaba a unos 1.500 trabajadores.

El 14 de enero comienzan las movilizaciones, con una jornada “de bajos rendimientos” que se convierte en paro total. Durante nueve días, los trabajadores, aunque bajan a la mina, no trabajan.
La lucha es tan contundente, que el empresario no tiene más remedio que negociar con la comisión, relegando al Sindicato Vertical. Es la primera vez que esto ocurre, y se irá generalizando en todas las luchas obreras que habrá a partir de ese momento.

Y es que la victoria de los mineros es rotunda: consiguen que las pagas sean revisadas, obtienen el compromiso de que será revisado la cuestión del trabajo con agua, no se toman medidas represivas contra los huelguistas y se logra la designación de un enlace sindical elegido por los trabajadores (en este caso, Casimiro Bayón). Y la comisión se convertirá en algo permanente.
Esta comisión tendrá una repercusión a nivel estatal. Durante las huelgas mineras asturianas en el 62, este modelo de comisión permanente se extenderá por todas las minas. Y pronto será el modelo que tome el PCE para llevar su trabajo dentro del movimiento obrero, además del “entrismo” dentro del Sindicato Vertical.

Una crónica del Mundo Obrero de marzo de 1957 relataba así como la lucha de La Camocha había contagiado a todo el movimiento obrero:
“La Huelga de la Camocha ha sido acogida con entusiasmo en Gijón y en el resto de Asturias. Se oye decir corrientemente “Nosotros tenemos que hacer como en La Camocha” “Debemos actuar todos juntos como en La Camocha”.

Reivindicar la Memoria Histórica es seguir su lucha.

Gracias al ejemplo de estos mineros de la Camocha hace sesenta años, gracias a su tremenda victoria conseguida con la lucha, el ejemplo de las comisiones obreras, impulsadas principalmente por el PCE, se extendió por todo el Estado. Y consiguió que las luchas obreras durante la dictadura franquista fueran más masivas y más prolongadas en el tiempo. Gracias a la organización obrera, los trabajadores perdieron el miedo a la represión. Y por más que torturaran, metieran en la cárcel a los militantes y dirigentes obreros, incluso fusilaran, la clase obrera se levantó y consiguió derrocar al franquismo.

Esta lucha debe ser recogida en nuestras manos, no sólo para reivindicarla y sentirnos herederos. Todos esos obreros que se la jugaron por la libertad y por un mundo mejor, no sólo son parte de la Historia. Son ejemplo para nosotros de cómo se debe hacer sindicalismo de verdad, sindicalismo de clase, combativo y democrático. En estos años, los dirigentes sindicales de CCOO han traicionado la lucha de los trabajadores para pasar a colaborar vergonzosamente con la patronal y su gobierno. Es necesario recuperar la memoria de los mineros de la Camocha, de dirigentes como Marcelino Camacho, para levantar dentro del sindicato y fuera de él la bandera de la lucha y la transformación social. Reivindicar su Memoria, es seguir su lucha.

Pablo Tata Alcántara. Colaborador “Recuperando memoria”, programa de radio.


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