Ford Almussafes, contando con la complicidad de UGT, es capaz de dejar a personas teniendo que empezar de cero, tras haber sufrido cáncer. En esa frase se resumen casi dos años y medio de mi vida.

En septiembre de 2015 comenzaron los dolores, en dos semanas sin apenas poder comer perdí unos 8 kilos. En ese tiempo ningún médico me hizo caso, hasta que finalmente me diagnosticaron cáncer de testículo con metástasis. El tumor se extendió por mi abdomen, razón por la que me costaba comer, y llegó a alcanzar también los pulmones. Un año más tarde, y con dos recaídas de por medio, seguía de baja. Los tratamientos no habían finalizado y eran cada vez más agresivos. A principios de octubre, me habían citado para pasar por tribunal médico del INSS. Lo que decidiesen podía influir en mi futuro laboral una vez superada la enfermedad. Me daba algo de tranquilidad el hecho de que cuando ya llevaba 3 meses de baja, y aun sabiendo que iba a ser larga, la empresa me había renovado el contrato temporal. Lamentablemente, más tarde supe que ese contrato era fraudulento.

En noviembre de 2016 cumplía tres años de temporalidad en Ford, con lo que la empresa debía de hacerme indefinido. Ante la incertidumbre de lo que implicarían las decisiones del tribunal médico, me puse en contacto con UGT. Ellos me remitieron a un delegado para que se encargara de mi caso, del cual cabe destacar que tiene su propio despacho y, debido a eso, deduje que sería alguien importante y que estaba en buenas manos, pero me equivocaba.

A mediados de mes llegó la resolución: me concedieron una incapacidad permanente (IP) absoluta, que sería revisada al año siguiente. En ese momento, mi relación con la empresa quedó suspendida, que no es lo mismo que extinguida, y con lo cual, en el momento en que me diesen de alta, la empresa me debía reservar un puesto de trabajo al menos dos años. Toda esa información la averigüé y contrasté por mí mismo, mientras tanto, el delegado de UGT insistía cada vez que hablábamos en que la reincorporación era muy difícil.

Al año siguiente, conforme se acercaba la fecha de la revisión de la IP, había ido recopilando información, encontré muchas cosas que no correspondían con lo que UGT me estaba contado, así que, me puse en contacto con algunos abogados y con otros sindicatos de la empresa. Fue en esos meses cuando supe que el contrato que había tenido con Ford durante casi 3 años era fraudulento, por tanto, según la ley, la empresa debe inmediatamente hacerme indefinido.

Cuando recibí la citación para revisar la IP volví a contactar con UGT. Al delegado que llevaba un año diciéndome que la reincorporación iba a ser complicada, que tendrían que pelear mucho, le dije, con miedo a su reacción, que tenía opiniones de que el contrato estaba en fraude de ley. Él me contestó que ya lo sabía y, tras un silencio incómodo, se excusó en que no le gusta aprovechar los errores de otros si no es estrictamente necesario. Poco tiempo después, me presentó a un miembro de la ejecutiva de UGT-Ford que fue el que gestionaría mi posible reincorporación.

Ya en diciembre del 2017 llegó la resolución del tribunal médico, me dieron el alta completamente, y de nuevo llamé a UGT para que iniciasen las gestiones para reincorporarme. En pocos días me hicieron el reconocimiento médico y me llamaron para firmar el contrato. Pensaba que iba a ser una continuación del que tenía, retomarlo donde lo dejé, respetando la antigüedad y todo lo que conlleva. No fue así, me ofrecieron un contrato de interinidad de dos meses y medio de duración, una auténtica estafa. Al día siguiente de firmar y viendo venir lo que pasaría al finalizar ese contrato, llevé toda la documentación necesaria al abogado de CGT, con quienes ya llevaba tiempo hablando, para ver qué opciones tenía a partir de ahí.

Me reincorporé en enero de 2018, me llevaron desde el primer día a la cadena de montaje, donde el trabajo es muy exigente. El primer día, tras dos horas observando las estaciones de trabajo que debía aprender, me visitaron inesperadamente los delegados de UGT, y les dije que yo no estaba físicamente listo para eso. En pocas palabras, me respondieron que aguantase y agachase la cabeza, que ellos se habían esforzado mucho para que yo pudiese estar ahí.

Tras dos semanas de trabajo comencé a sufrir fuertes dolores de abdomen debido a una de las intervenciones que me habían realizado pocos meses atrás. El jefe de mi equipo me echó un cable poniendo a otro compañero para ayudarme en las operaciones más difíciles, pero esto provocó la visita de uno de los jefazos de la planta, que, sin siquiera haberse presentado, directamente me dijo: “¿Sabes que los contratos nuevos tienen 15 días de prueba? Pero tenemos en cuenta por lo que has pasado y vamos a esperar, aun así tienes que poner más de tu parte y esforzarte”. Tras esto, me quedó definitivamente claro que no renovarían mi contrato y decidí denunciar e ir con todo.

Un par de semanas después, el mismo día que la plantilla votaría mediante referéndum sobre el preacuerdo para el próximo convenio, vinieron los dos delegados de UGT al haberse enterado de mi demanda. Me dijeron que les había engañado por denunciar a la empresa a través de otro sindicato, “que la empresa no tenía por qué haberme contratado teniendo un 69% de discapacidad. Que ellos ya asumen que la gente se va a lesionar y que por mi culpa iban a echar a otros 7 compañeros que estaban en una situación similar”. “Que me quedase en la conciencia”, me repitieron en varias ocasiones los muy miserables.

En marzo de 2018, como ya preveía y pese a haber dado todo lo que me era posible, teniendo a mis mandos directos contentos con mi trabajo y queriendo que continuase, el día 19 me fui al paro. En los siguientes meses, se produjeron dos actos de conciliación en los que la empresa ni se presentó. La siguiente cita será en enero de 2019, cuando tenemos fecha para el juicio. No sólo no me dejaron recuperar mi vida donde la dejé, sino que me veo obligado a seguir con esa herida abierta por defender mis derechos.

Han pasado casi 6 meses desde que me dejaron en el paro, cuesta escribir teniendo que recordar la parte personal que hay en todo esto, todos los momentos amargos sufridos, teniendo en cuenta que muchas veces considero que me perdí dos años de mi vida, los 23 y los 24. Hoy, gracias a la inspiración por la lucha por su readmisión de otro compañero y amigo, Carlos Naranjo, saco la fuerza y las ganas para escribir con aspiración combativa y denunciar públicamente la situación de explotación e injusticia que se vive en la factoría valenciana de Ford, así como la degeneración de los dirigentes sindicales de UGT que rinden completo servilismo hacia los intereses de la empresa.