“Nos hemos dotado de voz propia y visto que se consiguen cosas, pero es indispensable la movilización”

El 26 de septiembre se concentraba en Madrid el colectivo de las camareras de piso, conocidas como Las Kellys, exigiendo la reincorporación a la plantilla de las compañeras externalizadas. Dos días antes, entrevistamos a Isabel, Cristina y Eva, tres de sus portavoces, para conocer de primera mano cuáles son sus reivindicaciones y la situación laboral que sufren día a día en un sector, el del turismo y la hostelería, que ha alcanzado este verano cifras récord de beneficios.

 

EL MILITANTE.- En los últimos años vuestro colectivo se ha hecho muy conocido por la lucha ejemplar que habéis mantenido. Explicarnos cuál es vuestra situación.

Respuesta.- Muchas camareras de piso hemos sido externalizadas. Nuestras condiciones, que no eran buenas, han caído en picado; las cargas de trabajo son salvajes, las jornadas se alargan hasta 12 horas, se ha pasado a trabajar y cobrar en función del número de habitaciones que hagas y no en función de ninguna jornada laboral, con lo cual la forma de trabajar que teníamos ha saltado por los aires.

Cuando estábamos contratadas directamente por el hotel teníamos estipulada una jornada laboral de 8 horas y la carga de trabajo debía adaptarse a esa jornada. Existía un sueldo base y un calendario laboral. Ahora hay una nueva estructura salarial que incluye un plus de productividad, en realidad es trabajo a destajo encubierto: se paga por habitación realizada. El precio por habitación no está pactado en ningún sitio y lo fijan las propias empresas externas que suministran trabajadoras a los hoteles las 24 horas del día.

Los hoteleros utilizan estas empresas para no responsabilizarse de sus empleadas y la capacidad de negociación es nula por la precariedad que existe. El trabajo es durísimo físicamente; se coge mucho peso, se hacen muchas posturas forzadas y no hay forma de obligar a la empresa a que cumpla la normativa de riesgos laborales. Aunque haya comités de empresa en los centros de trabajo, como ya no somos plantilla del hotel, no estamos representadas en los mismos. Nos han dejado a merced del empresario. En cuanto te organizas sindicalmente o haces cualquier cosa, no necesitan ninguna excusa para echarte, simplemente se te acaba el contrato, así que juegan con esto para hacer con nosotras lo que les da la gana.

EM.- Como mujeres trabajadoras, ¿cómo os afecta la desregulación del sector?

R.- El machismo es lacerante, el funcionamiento de un hotel es muy parecido al de una casa de ricos donde está el mayordomo, la ama de llaves y luego las criadas. Nosotras somos las criadas, un trabajo que no se reconoce como los demás aunque generemos gran riqueza al empresario. Haya o no muchos clientes, nuestra carga de trabajo nunca baja porque contratan a menos. Estamos todo el rato trabajando, sin hablar entre nosotras y eso nos aísla.

Nuestro trabajo tiene mucho que ver con el que realizamos en nuestros hogares. Esa estructura la pasamos directamente al hotel, normalizando muchas conductas: que nuestro trabajo es secundario, que es para “ayudar” en casa y completar los ingresos familiares. Pero no es así, nosotras vamos a trabajar por un salario para nuestras familias exactamente como el trabajo de un hombre, y ese salario lo tenemos que defender igual, partiendo de la base de que para nosotras sindicarnos y pelear es más complicado. En la medida que las mujeres tenemos los peores trabajos, las dificultades para organizarnos son mayores y los empresarios se aprovechan más.

A las embarazadas no hace falta ni que las despidan, simplemente no renuevan contratos. Cuando nos juntamos trabajadoras de varios países el empresario también nos trata de dividir, a unas les das más trabajo, a otras menos. Las madres, especialmente las solteras, no podemos cuidar a nuestros hijos e hijas. Cuando te llaman para trabajar de un día para otro y no tienes donde dejarlos el estrés es tremendo, porque negarte a ir puede suponer que no te llamen más. Los días libres quedan en manos de la empresa: si te portas bien te los dan y si no, no. Lo que deberían ser derechos, cuando están en manos de la empresa se convierten en armas para someterte. En un medio sin normas, se ha creado la necesidad de trabajar más debido a los bajos salarios.

EM.- ¿Por qué decidisteis empezar a organizaros y qué balance hacéis?

R.- Empezaron a surgir problemas y reivindicaciones similares y no estábamos sindicadas, así que llegamos a la conclusión de que debíamos organizarnos para tener presencia propia. Formamos nuestra asociación. Entendíamos que había que pasar de la queja a proponer soluciones.

Comenzamos contactando a través de las redes y teniendo reuniones en distintas zonas. Al principio había una mezcla de miedo a las represalias, que las ha habido, y entusiasmo. Muchas no habíamos participado en nada que tuviese que ver con el activismo, pero hubo un despertar. El balance hasta ahora, más allá de los problemas que seguimos enfrentando, es muy positivo. Nos hemos dotado de voz propia y hemos visto que se pueden conseguir cosas, pero es indispensable la movilización. A veces te desanimas, pero resistimos y vamos avanzando y consiguiendo cosas importantes, diferentes en cada sitio. En Barcelona, por ejemplo, hemos parado la firma del convenio de hostelería dos veces porque se pretende formalizar la externalización. También recurrimos a la denuncia pública en los medios para que desde las instituciones, con los servicios de bolsa de empleo que proporcionan empresas locales, no se dé cabida a ofertas de empresas externas. Un logro que consideramos muy importante es que hemos abierto el debate público sobre nuestra situación y también una perspectiva de lucha.

EM.- ¿Cuáles son vuestras principales reivindicaciones? ¿Qué actitud tienen los sindicatos hacia ellas?

R.- Formar parte de la plantilla, que se reconozcan las enfermedades profesionales y que haya un método realmente eficaz para comprobar la carga de trabajo que tenemos que asumir —cumpliendo con la Ley de Riesgos Laborales— para evitar las lesiones. Si esto no se consigue, en diez años vamos a tener lesiones importantes y no vamos a poder seguir trabajando ni cobrar ninguna prestación. Queremos tener un calendario laboral y de libranzas que nos permita tener una vida digna.

Sabemos que la única forma de conseguir todo esto es volver a entrar en la plantilla. Por eso, tenemos una batalla con las direcciones de los sindicatos mayoritarios para que no firmen convenios que no reconocen estas reivindicaciones. En algunos sitios ya los están firmando y estamos totalmente en contra. CCOO y UGT nos hablan de luchar por la equiparación salarial, pero eso supone pactar la externalización. Nosotras decimos que eso no soluciona nada, que es un paso atrás y, además, es la reivindicación de la patronal. En los hoteles con empresas externas no hay normas y el abuso sobre las trabajadoras es total, no nos vale que nos digan que nos pagan un poquito más y que nos tengan luego a total disposición del empresario.


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